Historias que nos rozan
Sin consuelo ni moraleja
Era un día de verano como la mayoría de los días estivales en este país, donde el calor y la humedad no tienen clemencia con los seres humanos que deben, a pesar de todo, seguir con sus vidas y rutinas. No obstante los casi 30 grados centígrados en el amanecer de ese lunes, que presagiaban temperaturas que rondarían en más de cuarenta luego del medio día, María lo sentía como un día primaveral. Algo hacía que lo sintiera especial. Es que recibiría la última dosis de tratamiento poniendo así fin a un período muy difícil de su historia.