El Grito del Yhaguy
Recuerdos del valle Rojas Silva
Hay recuerdos que el tiempo nunca consigue borrar.
A veces quedan dormidos durante años, escondidos en algún rincón de la memoria, hasta que un olor, una lluvia, el sonido de un río o una simple visita al lugar donde uno creció vuelven a despertarlos de golpe.
Así nacieron estas páginas.
Con los años entendí que muchas historias de nuestra infancia campesina estaban desapareciendo lentamente. Los viejos caminos de tierra, las tardes en el río Yhaguy, los caballos, las crecidas, los hornos de petitgrain, los juegos inventados con casi nada, las historias de Pombero y Luisón contadas por los mayores alrededores de la noche… todo eso empezó a quedar atrás, como si el tiempo quisiera llevárselo en silencio.
Entonces sentí la necesidad de escribir.
No para convertirme en escritor.
Ni para contar una vida extraordinaria.
Escribí porque comprendí que aquellos pequeños momentos, que para nosotros parecían normales, en realidad fueron parte de un mundo que hoy casi ya no existe.
Este libro no habla solamente de mí.
Habla también de mis hermanos, de mis primos, de los vecinos, de los compañeros de escuela, de los abuelos, de los peones, de los pobladores humildes de nuestra compañía Rojas Silva y de tantos niños que crecieron entre el monte, el río, el barro y la libertad sencilla de la campaña paraguaya.
Aquí hay alegría, travesuras, miedo, pobreza, amistad, peligros, inocencia y también enseñanzas que la vida fue dejando con el tiempo.
Muchas veces fuimos felices sin saberlo.
Teníamos poco, pero imaginábamos mucho.
Un río podía convertirse en estadio de fútbol. Una vejiga de vaca era una pelota mundialista. Un caballo era compañero de aventuras.
Y cualquier historia contada por los mayores podía transformarse en un misterio capaz de quitarnos el sueño.